Entrevista al director: Luca Chiantore

 

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Hemos encargado al pianista y divulgador mexicano César Octavio Hernández que conversara con Luca Chiantore acerca de Musikeon, de su presente, su pasado y su futuro. Esta entrevista tuvo lugar en 2014.


¿Qué es Musikeon?

Muchos conocen Musikeon por sus cursos de piano, otros por sus publicaciones, otros todavía por la intensa presencia en internet, sin olvidar a quienes nos han acompañado personalmente en las diferentes iniciativas que hemos realizado en últimos años en España y Latinoamérica. Musikeon es, en efecto, un proyecto con muchas caras, caras que tienen en común la búsqueda de caminos de interacción entre la música y la musicología, entre la creatividad y el discurso entorno a ella. Allá donde estos caminos pueden entrecruzarse y beneficiarse mutuamente, allá queremos estar.


La vertiente que más ha caracterizado la actividad de Musikeon en estos años ha sido, no obstante, la pedagógica.

Sí, porque la enseñanza es el espacio por excelencia para dar sentido a esta convivencia de sonido y reflexión. De ahí que siempre hayamos querido enmarcar nuestros cursos en una oferta multiforme y dinámica, capaz de superar la idea de una simple “clase de música”. Ya esto vale tanto para nuestros cursos de posgrado, orientados a la especialización profesional, como para nuestras actividades de divulgación. Porque el objetivo global de cualquier enseñanza musical, más allá del desarrollo de las habilidades individuales, es sentar nuevas bases para el futuro: el futuro individual de cada estudiante, y el futuro global de nuestra cultura musical.


¿Cómo se te ocurrió fundar Musikeon?

Hay que remontarse al 2003. En España, donde surgió el proyecto, estábamos viviendo una época extraña: la bonanza económica —esa bonanza que pronto se revelaría tan frágil—, una creciente internacionalización de la vida musical y las inquietudes vinculadas a las reformas educativas promovidas en la década anterior, habían impulsado una vida cultural en gran fermento, que ofrecía nuevas oportunidades a quienes supieran tener la preparación para ello.

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Por otra parte, desde hace un par de años estaba en marcha el proyecto de la ESMUC, la Escuela Superior de Música de Cataluña, en el que me había integrado desde el primer momento gracias al interés que había mostrado el que fue su primer jefe de estudios, Josep Maria Vilar, uno de los hombres más visionarios que he conocido y al que debo muchísimo. La ESMUC era entonces una propuesta educativa que no tenía igual en el mundo, marcada por una dinámica interacción entre práctica musical y reflexión intelectual, la participación directa de toda la comunidad educativa en la toma de decisiones y sobre todo conseguía una convivencia directa y constante de tradiciones musicales que jamás se habían encontrado a interactuar de forma tan directa.

Aquella idea inicial ya no es tan presente en la vida diaria de la ESMUC, y las recientes reformas curriculares proceden en una dirección muy distinta. Se trató, evidentemente, de una propuesta utópica, que chocaba de forma demasiado frontal con las prácticas de las que procedía gran parte del profesorado ni con las expectativas de muchos estudiantes, pero me alegro profundamente de haber vivido esos años inolvidables y haber hecho allí tantos amigos. Y Musikeon es heredera directa de aquella experiencia, en el fondo y en la forma. De hecho, la mayoría de quienes conformamos el núcleo de la actividad diaria de Musikeon nos conocimos precisamente en las aulas y los pasillos de aquella ESMUC.


¿De qué te sientes más satisfecho, entre todo lo que Musikeon ha hecho hasta ahora?

Podrá parecer un tópico, pero mi respuesta es: mis alumnos. Son ellos los que dan sentido a Musikeon, día tras día. Y mi satisfacción no tiene nada que ver con el éxito público de sus respectivas carreras, sino con ver que tantos de ellos han orientado su vida y su relación con la música de un modo que no habría sido el mismo sin su paso por nuestros cursos. Son muchos los pianistas, jóvenes y no tan jóvenes, que han visto en nuestras actividades, en nuestras publicaciones y en nuestros diferentes proyectos una ventana sobre una manera inteligente, rica y consciente de vivir la música, y cuya vida está impregnada de esa intensidad, de esa serenidad y de ese respeto por la personalidad individual que intentamos proyectar en todas nuestras actividades.

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De ahí que haya sido tan significativa y emocionante la aventura de 20 años 20 pianos, como ya lo había sido, hace años, la ejecución colectiva de Vexations: porque en proyectos como ésos, marcados por la interacción y la convivencia, se comprueba una actitud a la vez ética y estética que proyecta en el propio gesto interpretativo y se convierte así en sonido.


¿Y en el campo musicológico, qué aspectos destacarías?

En el terreno de la reflexión, el mayor éxito creo que haya sido iniciar nuestra colección de libros. Una iniciativa que deberíamos considerar quijotesca, si fueran ciertas las apocalípticas previsiones que periódicamente se lanzan con respecto al futuro del libro. Y sin embargo yo creo en el libro, y no sólo en el libro electrónico, sino en el libro en papel: el libro es un objeto tecnológicamente perfecto, estéticamente inmejorable y magníficamente pensado para que el lector interactúe con el soporte para que el contenido cale en él. Por mucho que lo leas transversalmente, el contenido de un libro se te queda sólo en la medida en que tu actitud hacia él ha sido mental y físicamente activa. Y esto es maravilloso.


El listado de las instituciones y los profesionales con los que habéis colaborado en estos años empieza a ser impresionante.

Sí, es cierto que en los últimos años, aún a pesar de los tantos sobresaltos económicos que vive nuestra sociedad, hemos incrementado notablemente el número y la importancia de nuestra cartera de clientes, entre los que están casas discográficas de máximo prestigio, como Deutsche Grammophon, Aliavox o Harmonia Mundi, salas de concierto e instituciones como el Auditorio Nacional de Madrid y L’Auditori de Barcelona, la Fundación Príncipe de Asturias y la Fundación Juan March, así como centros educativos tan importantes como la UNAM y la Universidad Veracruzana en México, el IUNA y la Universidad de Cuyo en Argentina, así como la universidad portuguesa de Aveiro, referente internacional en la investigación sobre interpretación musical. Aunque no menos atractivo es el interés recíproco que he podido comprobar en la colaboración con proyectos pioneros y valientes como lo son Odradek o Inspiriart: el mundo de la cultura se mueve y mucha gente cree en la posibilidad de mirar adelante y construir futuro.


¿Y por qué se dirigen a Musikeon, una empresa con sede en España y no siempre vinculada lingüística y culturalmente con estas iniciativas?

Si pienso en el conjunto de esta intensa actividad me quedo sobre todo con la percepción generalizada de que Musikeon es sinónimo de calidad. Hay empresas e instituciones mucho más grandes y con mayor trayectoria que la nuestra, pero en todo lo que hacemos queremos que haya el sello del trabajo serio y riguroso, hecho con humildad y a la vez con mucho entusiasmo y un amor profundo por esta música maravillosa. Un trabajo capaz de dialogar con la sociedad contemporánea y que nos permita a todos encarar el futuro con confianza.

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César Octavio Hernández Gutiérrez, pianista mexicano nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1977, ha estudiado en la Universidad de Guadalajara (UDG) y ha realizado múltiples actividades como intérprete y divulgador en México, Estados Unidos y España.