![]() Destruyendo Irak… 20 de marzo 2008 Hace justo cinco años empezaba la infame
y vergonzosa invasión de Irak. Lo que tantos temíamos
en ese momento se ha convertido en una trágica realidad: cientos
de miles de vidas humanas destrozadas por las armas, la destrucción
física y moral de un país entero, billones de dólares
destinados a convertirse en un colosal negocio para unos pocos, y
la sensación de que esa moderna cruzada era un punto de no
retorno para la ya maltrecha pretensión de Occidente de presentarse
como el garante de una cultura hecha de valores, justicia y respecto
de los derechos individuales.
En medio de ese disparate planetario, desde Musikeon queremos recordar hoy un aspecto muy concreto de aquella tragedia, que no ha llegado a tener la visibilidad que se merece. Aquella guerra destruyó, como es conocido, miles de documentos que eran verdaderos tesoros para la memoria histórica de la humanidad: el saqueo del Museo Arqueológico Nacional, el 10 de abril de 2003, y el incendio de la Biblioteca Nacional, tres días después, fueron tan sólo los dos momentos más trágicos en el destino de tantos archivos, museos y lugares emblemáticos. La música, también en ese caso, no quedó inmune: entre los archivos que se han perdido para siempre, destruidos por las bombas del ejército de los Estados Unidos, está el Archivo Sonoro de Bagdad, que conservaba grabaciones de música tradicional árabe, clásica y popular, fruto de décadas de trabajo por parte de etnomusicólogos locales, un trabajo de recogida y conservación realizado bajo los auspicios de la UNESCO. Nada queda, de todo ese trabajo. Muchos de nosotros nos enteramos tan sólo en julio de 2007, durante el Congreso Internacional de la ICTM (el Internacional Council for the Tradicional Music) que ese año se celebraba en Viena. Dos representantes de Musikeon participamos en aquel congreso, y nos resultará difícil olvidar la intervención de Schéhérezade Qassim Hassan, que durante dos décadas había trabajado recopilando los materiales de aquel archivo: el silencio que se hizo improvisamente, en esa gran sala; el largo aplauso, sincero e intenso, que tras unos segundos se propagó tras su intervención como si fuera un largo abrazo; pero también las inciertas explicaciones del representante de la UNESCO allí presente, que ni siquiera parecía conocer con precisión los hechos y fue lo suficientemente honesto como para no dar grandes esperanzas a la etnomusicóloga franco-iraquí ante su petición de que la propia UNESCO exigiera una explicación oficial de parte del ejército estadounidense. Aquella intervención nos dejó a todos un extraño malestar: una indecible compasión por ese trabajo ajeno arrasado por la locura bélica, pero también la sensación de una fragilidad que iba más allá de la música. No somos nadie, se dice a veces. Sí, no somos nadie, ante el mal infinito que los seres humanos llegan, demasiadas veces, a infligir a otros. Y hoy, cinco años después del inicio de ese horror, queríamos recordarlo así. www.musikeon.net |