Un observatorio para la igualdad de todas las músicas

Francesco Tristano Schlimé, entre clásica y electrónica de baile
24 de enero 2008

Como es conocido, la ejecución del repertorio clásico es hoy muy distinta de la que se dio en el pasado. No es fácil sintetizar en pocas frases en qué consiste la actividad del intérprete actual, sobre todo si no queremos entrar en tecnicismos, y sin embargo no es difícil localizar cuatro puntos esenciales:

1) La separación entre las figuras del intérprete y del compositor.
2) La ausencia prácticamente total de la improvisación.
3) El distanciamiento entre la “clásica” y otras tradiciones musicales.
4) Un repertorio limitado a unos pocos autores, todos ellos del pasado

De tanto en tanto, algunos intérpretes intentan poner en discusión algunas de estas realidades. Entre los pianistas, por ejemplo, Daniel Barenboim se ha aproximado a otras tradiciones (el tango, la música brasileña, el swing de Duke Ellington); Fazil Say es pianista, improvisador y compositor, como lo fueron tantos intérpretes del siglo XIX; Maurizio Pollini ha tocado mucha música de autores todavía vivos y Vladimir Ashkenazi ha encargado y grabado el 3r Concierto de Rautavaara. Pero éstas no son más que excepciones, y excepciones que prácticamente nunca se dan juntas.

Esta semana, en cambio, ha tocado en Barcelona Francesco Tristano Schlimé, un joven pianista luxemburgués que estas cuatro categorías las subvierte, y las subvierte todas. Todas, y a la vez. Francesco Schlimé es intérprete y compositor; es un óptimo improvisador; utiliza lenguajes —tanto en sus obras como al interpretar las obras de otros autores— que resuma experiencias propias de otras tradiciones musicales; e interpreta con insólita frecuencia obras del presente, a menudo compuestas en estos últimos años. En su fraseo laten experiencias desconocidas a la inmensa mayoría de intérpretes clásicos: una intensa actividad jazzística, la improvisación colectiva junto a músicos de tantas formaciones distintas y sobre todo la música electrónica, que tanto poso ha dejado en su estilo interpretativo incluso cuando toca Haydn o Bach.

Si hay un canon interpretativo que la tradición nos ha transmitido, cualquier concierto de Francesco Tristano Schlimé es una ocasión para comprobar que sí es posible renunciar a él. Performances insólitas, las suyas, y sin embargo insólitas tan sólo en lo estrictamente sonoro, ya que el formato, al menos las salas convencionales, es el de siempre. Otra cosa es lo que él mismo hace otros espacios. En una discoteca, por ejemplo, porque Francesco Tristano ha colaborado con DJs de primera magnitud en sesiones sorprendentes de las que Internet empieza a estar plagada. Curioso mundo, el de la música clásica actual…

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