“Fomentar una cultura
musical atenta a la dimensión social de cualquier manifestación
sonora, ofreciendo servicios y productos especializados de asesoramiento
y formación a entidades y particulares”.
Esta es la misión de Musikeon según su plan estratégico
2007-2011. Una declaración de intenciones que sintetiza los valores
y las ideas que orientan el trabajo diario de quienes formamos parte
del equipo humano de Musikeon: nuestra manera de vivir la música
y de sentirla como parte de la sociedad que nos rodea.
En
Musikeon nos ocupamos de músicas muy diversas,
y lo hacemos desde ópticas distintas: la investigación,
la interpretación, la pedagogía, la actividad empresarial.
Pero hay algo que une a todas estas actividades: el convencimiento de
que la música es cultura. Ya se trate de música clásica
o de nu-metal, independientemente de si la estamos tocando, enseñando
o investigando, la música es parte de la sociedad que nos rodea.
La música acompaña nuestra cotidianeidad, nos llega a
definir y nos hace crecer, como individuos y como grupo. La música
convence, maneja voluntades, actitudes, sensaciones; organiza y transforma
nuestro paisaje sonoro, hasta convertir lo cotidiano en algo único
y excepcional.
Creemos en las músicas: todas, y sin excepción. Creemos
en su capacidad de trasmitir emociones, valores y maneras de ver el
mundo. Y por ello rechazamos la idea de la superioridad de una manera
de hacer música sobre otra: porque esto supondría, en
última instancia, afirmar la superioridad de una cultura sobre
otra. Los músicos y los investigadores que formamos el equipo
de
Musikeon estamos convencidos de que cualquier paso,
desde una simple clase de piano hasta los más ambiciosos proyectos
culturales, puede ser un modo para ir construyendo, poco a poco, un
mundo distinto, donde la diversidad sustituya a la arrogancia de las
verdades universales e irrebatibles.
Creemos en los porqués; creemos en las razones y en las matizaciones,
en el valor de las diferencias y en la necesidad de reconducir los juicios
estéticos al marco de esos contextos culturales que —ellos
solos— los pueden legitimar. Contextos culturales que amparan
tradiciones y orientan energías, definiéndonos como seres
humanos.