Sábado 5 de Julio 2008
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Musikeon - Musicología y Formación
“Fomentar una cultura musical atenta a la dimensión social de cualquier manifestación sonora, ofreciendo servicios y productos especializados de asesoramiento y formación a entidades y particulares”.

Esta es la misión de Musikeon según su plan estratégico 2007-2011. Una declaración de intenciones que sintetiza los valores y las ideas que orientan el trabajo diario de quienes formamos parte del equipo humano de Musikeon: nuestra manera de vivir la música y de sentirla como parte de la sociedad que nos rodea.
Un ideario preciso

En Musikeon nos ocupamos de músicas muy diversas, y lo hacemos desde ópticas distintas: la investigación, la interpretación, la pedagogía, la actividad empresarial. Pero hay algo que une a todas estas actividades: el convencimiento de que la música es cultura. Ya se trate de música clásica o de nu-metal, independientemente de si la estamos tocando, enseñando o investigando, la música es parte de la sociedad que nos rodea. La música acompaña nuestra cotidianeidad, nos llega a definir y nos hace crecer, como individuos y como grupo. La música convence, maneja voluntades, actitudes, sensaciones; organiza y transforma nuestro paisaje sonoro, hasta convertir lo cotidiano en algo único y excepcional.

Creemos en las músicas: todas, y sin excepción. Creemos en su capacidad de trasmitir emociones, valores y maneras de ver el mundo. Y por ello rechazamos la idea de la superioridad de una manera de hacer música sobre otra: porque esto supondría, en última instancia, afirmar la superioridad de una cultura sobre otra. Los músicos y los investigadores que formamos el equipo de Musikeon estamos convencidos de que cualquier paso, desde una simple clase de piano hasta los más ambiciosos proyectos culturales, puede ser un modo para ir construyendo, poco a poco, un mundo distinto, donde la diversidad sustituya a la arrogancia de las verdades universales e irrebatibles.

Creemos en los porqués; creemos en las razones y en las matizaciones, en el valor de las diferencias y en la necesidad de reconducir los juicios estéticos al marco de esos contextos culturales que —ellos solos— los pueden legitimar. Contextos culturales que amparan tradiciones y orientan energías, definiéndonos como seres humanos.